
La primera noticia es alentadora, ¡nos van a medir de verdad! Luego, ya no nos gusta tanto el temita de las tallas unificadas. Nadie quiere tener cuerpo de cilindro o de campana, y que a la forma de tu cuerpo le llamen diábolo tampoco es agradable. Ahora la polémica salta de nuevo porque ¡oh, cielos! las tallas causan anorexia.
Brunilda comenta en la noticia más reciente "(...)según el titular de la noticia parece ser que no encontrar tu talla en una tienda te quita las ganas de comer. Soy muy ignorante, ¿alguien me lo podría explicar(...)?". Y es que en su nada casual inocencia da en el clavo.
Lo que causa anorexia no son las tallas. Lo que causa anorexia es una distorsión en la percepción del propio cuerpo, y esa distorsión no la causa el mundo de la moda ni la MTV. La distorsión es el resultado de un cánon de belleza colectivo que ya no importa por qué o quién fue impulsado. La idea de que "si estás gorda no eres atractiva" está en tu mente, en la mía y en la de la niña que juega en la arena del parque.
Cambiar nuestras mentes no es trabajo de ninguna corporación, su trabajo es vender, y eso no va a cambiar nunca. El trabajo de cambiar es tuyo, mío y de la niña del parque.
Si en el panroama social actual introducimos las tallas que impone Sanidad las ventas van a bajar (y lo digo yo, grandísima experta en marketing). ¿Te comprarías unos pantalones talla cilindro? ¿De verdad? Seguramente cogerás la talla diábolo y harás lo posible por enfundártela porque es lo que hacemos ahora, todas locas por entrar en la 36. Y esto es lo que explotan las empresas, que nuestro deseo de encajar con el cánon sea más fuerte que nuestra individualidad.
Porque las marcas no están aquí para darte lo que quieres. Eso era así hace 100 años. Ahora las marcas te muestran una imagen correcta de lo que debes ser, y sus productos son la solución para que dejes de ser incorrect@. En otras palabras, que tú te amoldas a la marca, y no al revés.

Para que un sistema de tallas realista tenga lugar en el mercado habrá, primero, que tener mentes realistas en gente realista. Y quien crea que una mujer va a ver unos vaqueros talla campana y probárselos sin sentirse mal consigo misma es muy poco realista.
Foto de Regadenzia